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¡Agranda la vitrina!

Peñarol se quedo con otra edicion del Interligas al ganarle a Pinhieros de Brasil por 88 a 75, exhibiendo un basquet de alta calidad tecnica, con actuaciones para el aplauso de Marcos Mata (todo el torneo), Leo Gutierrez, Martin Leiva y Facu Campazzo.

Sintesis

Peñarol 88: F.Campazzo 17, K.Lamonte 6, M.Mata 15, L.Gutiérrez 21 y M.Leiva 17 (FI); M.Ibarra 4, A.Reinick 0, S.Safar 3, F.Giorgetti 0, P.Barrios 3, N.Lauría 2 y S.Giletto 0. DT: Sergio Hernández.

Pinheiros 75: J.P.Figueroa 3 (x), Shamell 17, Marquinhos 13, Olivinha 9 y Morro 8 (FI); Paulinho Boracini 8, Rafael Mineiro 2, Bruno Fiorotto 2 y Renato 13. DT: Claudio Mortari.

Estadio: Polideportivo Islas Malvinas.

Arbitros: Héctor Uslenghi, Alejandro Sánchez y Adrián Vázquez (todos de Uruguay).

Parciales: 22-20, 45-33 y 67-51.

Peñarol fue un carnaval

Derrotó a Pinheiros de Brasil y se quedó con el Interligas. El elenco marplatense ganó su cuarto título internacional. Y lo hizo con la autoridad que le da su oficio y su cada vez más aceitado juego de ataque. Noveno campeonato desde que Leonardo Gutiérrez, MVP de la final, llegó a Mar del Plata. Lo disfrutaron alrededor de cuatro mil hinchas.

Este Peñarol es increíble. Con sus marcas registradas (defensa, pase extra, tiro de tres puntos, entre otras) pareció hacer sencilla la resolución de una final ante el mejor equipo de Brasil del momento. Pinheiros fue rival en el primer cuarto y después terminó rendido ante el oficio y las variantes del equipo de Sergio Hernández, que consiguió su cuarto título internacional, el segundo de la temporada.

Al cabo, Peñarol superó a Pinehiros 88 a 75 y se quedó con la tercera edición del Torneo Interligas, que reúne a los mejores de Argentina y Brasil.

Dentro de las importantes actuaciones individuales que anoche hubo en el equipo marplatense, sobresalió una vez más Leonardo Gutiérrez, elegido MVP de esta final y de alguna manera una de las caras de este exitosísimo ciclo peñarolense. Es que desde la llegada del cordobés, hace poco menos de tres años, Peñarol ya festejó nueve títulos. Y se queda para ir por más.

Pinheiros dio lo mejor de sí en el arranque del partido. La puntería de Shamell (ocho puntos de los primeros diez de su equipo) y el apoyo del tiro abierto de jugadores muy altos como Marquinhos y Olivinha, sumado a la polenta de Morro para pelear en el poste bajo, lo puso en ventaja.

Sergio Hernández, incluso, se vio obligado a gastar su primer tiempo muerto cuando apenas se habían jugado cuatro minutos para intentar desentrañar el intríngulis de la defensa de Shamell.

Tras esa interrupción, Peñarol ajustó sus patrones de defensa y comenzó a encarrilar el partido. Dominó abrumadoramente el rebote en su tablero y lastimó de movida cerca del canasto con Leiva y también con el resto, rápidos y decididos para atacar por el eje de cancha.

Cuando la defensa paulista comenzó a doblar en la pintura, aparecieron los espacios para el desvastador poder de fuego de Gutiérrez. Las ?bombas? de Leo le permitieron a Peñarol lograr sus primeras ventajas y ganar el primer parcial 22 a 20.

La gestión defensiva del equipo local fue ?in crescendo?. A punto tal que limitó la ofensiva visitante a sólo trece puntos en el segundo parcial, siete de ellos aportados por el intratable Shamell. El resto poco y nada pudo aportar ante un Peñarol muy concentrado. Y los relevos que Claudio Mortari, el entrenador rival, mandó a la cancha no consiguieron disimular la amnesia ofensiva.

El equipo marplatense, entonces, empezó a quebrar la resistencia brasileña. Paulatinamente, al principio. Los tiros de tres puntos de Mata ?otra vez en un nivel excepcional- estiraron la ventaja a seis o siete puntos. Y un bombazo de Gutiérrez ?tras rebote ofensivo de Leiva de un tiro libre malogrado por el propio cordobés- llevó la luz a diez cuando restaban un poco más de dos minutos para el final de la etapa.

Peñarol se fue al descanso ganando por doce puntos (45-33) y pudo hacerlo por más de no haber incurrido en ocho pérdidas y no haber despilfarrado dos o tres chances muy factibles de anotar en contraataque.

El segundo tiempo, como si fuera poco, comenzó con un triple de Safar. Pinheiros, en consecuencia, quedó condenado a remar muy de atrás.

Peñarol manejó la ventaja con mucha solvencia. Podría decirse que jugó al gato y al ratón con su rival. Pinheiros se vio obligado a forzar mucho sus acciones ofensivas, mala receta ante un rival que no dio ventajas y que tuvo un rebote granítico.

En cambio, los de Sergio Hernández movieron la bola con mucha tranquilidad y redujeron enormemente el nivel de pérdidas. Así encontraron tiros limpios desde lejos, pero, sobre todo, alimentaron permanentemente a Leiva, líder de la ofensiva en el tercer cuarto con ocho puntos.

La amplia ventaja (67-51) con la que Peñarol ingresó al cuarto final lo puso a resguardo de todo. Hasta se permitió algunos minutos muy flojos en ataque. Pero no corrió sobresalto alguno. Los brasileños, muy nerviosos, erraron casi todo lo que tiraron. Y no tuvieron chances de corregir lanzamientos.

El equipo marplatense, en consecuencia, tuvo el título en sus manos cuatro o cinco minutos antes del cierre del partido. Nicolás Lauría, quien de a poco vuelve de sus problemas físicos, se dio el gusto de jugar ese cierre. Mientras, en las tribunas, los hinchas le daban rienda suelta a un nuevo festejo. Y a las cargadas a Quilmes, que mañana jugará su permanencia en la Liga Nacional.

fuente la capital

Un título más y van…

Al igual que en 2010, Peñarol se consagró campeón del Torneo Interligas tras vencer –en esta oportunidad- a Pinheiros por 88 a 75, con la figura del MVP Leo Gutiérrez autor de 21 puntos, sumado a un excelente trabajo de Martín Leiva y Marcos Mata.

Mar del Plata, Buenos Aires.- Peñarol cosechó un nuevo título para sus vitrinas, el segundo en la temporada, tras vencer a Pinheiros por 88 a 754 en la gran final del Torneo Interligas, disputada en el estadio Polideportivo Islas Malvinas.

Pinheiros tomó la iniciativa en los primeros minutos de juego. Porque de la mano de un intratable Shamell, autor de 5 puntos en esos instantes principales, el equipo de Mortari pudo tomar una mínima ventaja que hacía suponer que el juego iba a ser durísimo hasta el final.

Tres pérdidas consecutivas de Lamonte y una sorprendente falta de toma de decisiones por parte del mismo foráneo, obligaban a Peñarol a tomar malos tiros bien aprovechados por su rival, que a falta de 5’45’’ del cierre del primer período estaba 10 a 6 arriba, lo que obligó a Sergio Hernández a solicitar minuto.

A partir de ahí todo cambió. Porque el milrayitas pareció despertar de pronto. Leo Gutiérrez se encargó de llevar a su equipo adelante y con 8 puntos (dos triples incluidos) comenzó a marcar diferencias para este Peñarol que, al cierre del primer chico se fue 23-20 arriba, casi sin quererlo.

El inicio del segundo período no tuvo distintas aristas que las del final del primero. Ahora, el intratable –como si fuera raro aclararlo- era Leo Gutiérrez.

Su alma de caudillo y de jugador hecho para esta clase de partidos, impuso en Peñarol una mentalidad completamente ganadora que a falta de 3’10’’ estaba adelante 35 a 29.

Por su parte, en Pinheiros se destacaba su extranjero Shamell, que a base de tiros de media distancia pudo mantener en juego a su equipo.

Pero nuevamente apareció Leo Gutiérrez (y compañía) que, con 16 puntos en esa primera mitad, más algunas corridas de sus compañeros producto de buenas defensas y eficaces ataques rápidos, terminó de sellar el 45 a 33 final antes del descanso largo para Peñarol.

La segunda mitad comenzó con un equipo local ampliamente dominador. Otra vez con Leo Gutiérrez, pero en este caso bien acompañado por Marcos Mata y Martín Leiva, el milrayitas tomó la máxima del partido -56 a 40- con 4’40’’ por jugar.

Un par de errores y descentraciones implicaron una merma en el rendimiento de Peñarol pero, a pesar de esto, Sergio Hernández se las arregló para hacer rotar a sus jugadores de la mejor manera y conseguir nuevamente una importante diferencia en el tanteador.

Martín Leiva se erigió en la carta ofensiva más determinante de los marplatenses durante todo ese lapso (16 puntos hasta ahí), pero la máxima llegó con un triple del recién ingresado Pablo Barrios, que llevó la ventaja a 63-45 con 2’28’’ por jugar.

El final del período marcó un partido casi terminado, con un claro protagonista que se notaba acostumbrado a jugar este tipo de partidos y que desarrolló un desgaste sobre su rival típico de un plantel que sabe la receta para ganar campeonatos. 67-51 y a esperar el último cuarto.

Y así fue ese último período. Peñarol salió con los tapones de punta para cerrar definitivamente el partido.

Leo Gutiérrez, que a esa altura ya era definitivamente el MVP de la final, terminó de cerrar el juego con su jerarquía, bien acompañado del tremendo trabajo de Leiva y la mentalidad ganadora de todo el equipo.

Sin más por hacer, sólo para maquillar el marcador, el milrayitas abrochó una victoria abultada y contundente por 88 a 75, y reafirmó que es un equipo hecho para jugar finales. Perdón: hecho para ganar finales.

fuente LNB

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