| El homicidio
de María Marta García Belsunce
Carlos Carrascosa y
la impunidad.
La pista del lavado de
dinero
Varios años se sucedieron desde aquel domingo 27 de octubre
de 2002, fecha en que fuera asesinada la socióloga María
Marta García Belsunce. Al día de hoy, las posibilidades
de hacer justicia se han desvanecido. Carlos Carrascosa -esposo
de la víctima- y el círculo de sospechosos festejan
la inoperancia del sistema judicial argentino. Artículo
de Christian Sanz, periodista de investigación.
Cuando el pasado viernes 16 de mayo de 2003,
el juez de Garantías de San Isidro Diego Barroetaveña
resolvió confirmar la prisión preventiva de Carlos
Alberto Carrascosa por el crimen de su esposa -María
Marta García Belsunce-, sólo dio el puntapié
final al descubrimiento de una serie de actos sospechosos emergidos
de la propia familia.
Más allá de la medida puntual
contra el viudo, tanto el fiscal como el juez de la causa presumieron
fuertemente que la familia actuó como cómplice
de encubrimiento en el asesinato de María Marta. Y es
que está harto demostrado que dicha parentela ha sostenido
la coartada de Carlos Carrascosa hasta límites insospechados,
aún al costo de desgastar sus imágenes en la pantalla
de la televisión, una costumbre a la que la familia solía
escapar antes de que las papas quemaran de tal manera en sus
manos.
De todos modos, no hubo estrategia alguna que
permitiera liberar de culpa a Carrascosa. Y es que los indicios
y evidencias detallados por el juez en su resolución
fueron, en su momento, contundentes. Entre otras cosas, Diego
Barroetaveña, aseguró oportunamente que :
"Se encuentra probado que durante el tiempo
en que ocurriera el homicidio de María Marta García
Belsunce, Carlos Alberto Carrascosa NO DIO UNA EXPLICACIÓN
PLAUSIBLE del lugar donde se encontraba (...) Desde las 18.27
no justificó donde estuvo. Tuvo posibilidad de llegar
a su finca a las 18.32.30. Contó con 23 minutos (...)
para estar en el lugar en el cual se perpetrara el hecho pesquisado,
ejecutarlo, salir y hacer ver que recién llegaba?.
"Carrascosa recibió instrucción
sobre el manejo de armas livianas (...). NO PODÍA DESCONOCER
QUE EL OBJETO QUE FUE ENCONTRADO debajo del cuerpo ensangrentado
y ya sin vida de su cónyuge FUERA UN PLOMO DEFORMADO,
arrojándolo por el inodoro del baño (...). No
era plausible que no sospechara."
"¿Por qué NO SE LE DIO INMEDIATA
INTERVENCIÓN A LA POLICÍA?, ¿Por qué,
inclusive, se pretendió evitar la concurrencia de aquella
y que no se efectuara la operación de autopsia?, ¿por
qué no se dio intervención al INCUCAI, cuando
la víctima era donante de órganos??.
Lo antedicho agrega más dificultad a
la acción de la familia que tanto luchó por revertir
la situación de Carrascosa. Dificultad que se mantendría
hasta llegada la oportunidad del juicio oral.
La familia que encubre
Si bien, la parentela de María Marta
intenta despegarse del arquetipo popular que los ubica como
?encubridores del crimen?, las pruebas en su contra saltan a
la vista cuando se estudia cronológicamente lo acontecido
:
- El 27 de octubre de 2002, María Marta
García Belsunce fue hallada muerta por su esposo. En
ese momento, Carlos Carrascosa aseguró que su esposa
había resbalado en la bañera del chalet que compartían
en el ?Carmel Country Club? y que sólo se trataba de
un accidente. Al día siguiente sus restos fueron inhumados
en el cementerio de la Recoleta, tras ser velados en su casa
de Pilar, donde asistieron el fiscal de la causa, Diego Molina
Pico, y el jefe de la Dirección de Investigaciones de
San Isidro, Comisario Inspector Aníbal Degastaldi.
- El 2 de diciembre, luego de tomarle declaración
a los dos médicos que vieron el cadáver el mismo
día del ?accidente? ?Juan Gauvry Gordon y Santiago Biasi?,
Molina Pico ordenó exhumar el cuerpo. La autopsia reveló
que había sido asesinada de 5 balazos calibre 32 en su
cabeza y que un sexto proyectil la había rozado.
- El 11 de diciembre, el caso toma estado público
y salen a la palestra diferentes hipótesis sobre el presunto
homicida. Se comienza a señalar a Nicolás Pachelo,
un vecino del country que tenía antecedentes penales,
como autor del asesinato de María Marta.
Mientras tanto, se comprueba que el día
del crimen el viudo, Carlos Alberto Carrascosa, había
ordenado limpiar las manchas de sangre de María Marta
y que Horacio García Belsunce solicitó a la policía
que no entrara en acción.
- El 19 del mismo mes, apareció el sexto
proyectil en el pozo ciego de la casa. Horacio García
Belsunce, hermano de María Marta, admitió que
había sido arrojado al inodoro al confundirlo con un
?pituto? de biblioteca.
- El 16 de enero de 2003, Molina Pico imputó
por "encubrimiento agravado" a Horacio García
Belsunce; el viudo Carrascosa; el cuñado Guillermo Bártoli;
el padrastro Constantino Hurtig; el medio hermano Juan Carlos
Hurtig; la masajista Beatriz Michelini; los vecinos Sergio Binello
y Nora Burgues de Taylor; y el médico Gauvry Gordon.
- El 8 de abril, el fiscal fue aún más
lejos : pidió al juez Diego Barroetaveña, la detención
de Carrascosa como el asesino de su esposa.
- El 28 de abril, Carrascosa fue careado con
tres testigos que lo situaron en otro lugar del que dijo haber
estado la tarde del homicidio. Fueron la concesionaria del club
?House?, Alba Benítez; el mozo Gerardo Oberndorfer y
Catalina Vargas, ex mucama de Bártoli e Irene Hurtig.
- El 8 de mayo, peritos de la Suprema Corte
de Justicia bonaerense confirmaron que en los orificios de bala
en la cabeza de María Marta fueron hallados restos de
pegamento. La idea habría sido la de ?disimular? las
heridas en la cabeza.
- El 10 de mayo, el fiscal solicitó
al juez Barroetaveña que le dicte la prisión preventiva
a Carrascosa, lo cual fue admitido por el juez.
Balas que se confunden con ?pitutos?; heridas
de proyectiles que no se reconocen y que luego aparecen con
pegamento; manchas de sangre que se limpian; las mentiras pueriles
de Carlos Carrascosa; apariciones televisivas recurrentes de
la familia en donde se muestran más preocupados por la
libertad del viudo de María Marta que en el esclarecimiento
del crimen y tantos otros indicios dejan a la vista la sugestiva
complicidad de la familia.
Eramos pocos...
Para agregar más condimento a la ya
explosiva causa, apareció en medio de la investigación
judicial una red de médicos que confeccionaban certificados
de defunción ?a pedido?.
Todo comenzó cuando uno de los camilleros
de la funeraria Casa Sierra, Roberto Di Feo, que llegó
hasta la casa del country Carmel para acondicionar el cuerpo
a efectos de velarlo en el dormitorio familiar, declaró
ante el juez de instrucción Julio Lucini que ?prácticamente-
no tuvo que realizar ninguna labor, ya que el cuerpo estaba
en la cama acomodado.
El magistrado ?Lucini- venía investigando
una presunta asociación ilícita dedicada a fraguar
certificados de defunción, de la cual resultaron detenidos
los dos empleados de la funeraria Casa Sierra que estuvieron
a cargo de los trámites de la inhumación del cuerpo,
y el médico Juan Carlos March, que fue el que firmó
el acta de defunción irregular de María Marta
sin ver el cuerpo.
En ese certificado, se asegura que García
Belsunce falleció de un paro cardíaco en un departamento
de Capital Federal, sin hacer referencia alguna a los disparos
en su cabeza ni al Carmel Country Club de Pilar.
Y es en el marco de esa causa que está
procesado Guillermo Bártoli, cuñado de María
Marta, por ser quien realizó los trámites para
la inhumación del cuerpo en la funeraria.
La pista que no se profundizó
Si bien desde un principio, la hipótesis
del crimen de María Marta García Belsunce aparentó
tener un móvil pasional, el fiscal Diego Molina Pico
nunca dejó de ahondar en la posibilidad de que dicho
asesinato pudiera tener una motivación económica,
razón por la cual incorporó en su momento a cuatro
expertos forenses de la Policía Judicial y a dos peritos
contadores.
De esa manera, el fiscal de Pilar pudo averiguar
los vínculos económicos de María Marta
y su esposo, Carlos Carrascosa y logró ahondar en las
relaciones de este último con el Banco General de Negocios,
cuyos presidente y vicepresidente -Carlos y José Rohm
respectivamente-, fueron acusados oportunamente por la jueza
María Servini de Cubría de integrar una ?asociación
ilícita dedicada a burlar los controles oficiales y enviar
divisas al exterior?; todo esto cuando la vigencia del corralito
financiero lo prohibía.
En ese mismo sentido, pudo comprobarse que
Carrascosa trabajó como agente de Bolsa para los Rohm
hasta el año 1996 y se hallaron constancias de que María
Marta García Belsunce era directora de una compañía
vinculada con el Banco General de Negocios en la cual Carrascosa
era su vicepresidente, llamada Compañía General
de Inversiones Bursátiles.
Si bien -y siempre según allegados a
la familia- Carrascosa ya había vendido su porcentaje
de la sociedad que controlaba un par de acciones de Bolsa, se
encontró registrada -en un libro de la Compañía
General de Mandatos- la empresa Carlos Carrascosa y Compañía,
donde el viudo figuraba como ?comitente?, es decir, encargado
de la compra y venta de acciones.
Esta empresa tuvo como domicilio la calle Perón
667, el mismo lugar donde las escuchas telefónicas de
la causa del Banco General de Negocios realizadas en octubre
de 2001 determinaron que funcionaba una mesa de dinero dedicada
a cambiar cheques. Sugestiva casualidad.
Finalmente...
Este brutal crimen, que aparenta ser sólo
parte de una reyerta familiar, no debe analizarse aisladamente
sino como un tentáculo del caso Rohm,
congelado desde que la Cámara Federal confirmara el procesamiento
de Carlos Rohm y que actualmente está a estudio de la
Corte Suprema de Justicia.
Hay que determinar hasta qué punto Carlos
Carrascosa estaba totalmente desvinculado del Banco
General de Negocios, sin dejar de rastrear de dónde
surgió esa gran masa de dinero que maneja la familia
y que les permite vivir de manera tan ostentosa.
Luego del tristemente célebre caso
Conzi no sería descabellado pensar que podría
tratarse de gente que maneja fondos de la mafia o de la política.
O de ambas cosas.
No olvidemos que el caso Rohm
destapó vínculos oscuros de la mafia con el menemismo
y dejó en evidencia las relaciones del Banco General
de Negocios (así como el Banco Comercial de Montevideo)
con tres de los más sonados escándalos argentinos
: la venta de armas a Ecuador, la comercialización ilegal
de oro y la coima pagada por IBM para la renovación informática
del Banco Nación.
Lavado de dinero que le dicen...
Fuente: Christian Sanz, periodista de
investigación. Tribuna de Periodistas
|
Caso García Belsunce
La Justicia en versión
country
Pasaron 620 días desde aquel domingo
27 de octubre del 2002 en que en un country de Buenos Aires
sonaron los seis disparos que acribillaron a la socióloga
María Marta García Belsunce.
Hoy, la investigación está
paralizada. No hay detenidos ni procesados. El juez de la
causa, Diego Barroetaveña, desacreditó la pesquisa
realizada por el fiscal Diego Molina Pico, quien acusó
al esposo de María Marta, el financista Carlos Alberto
Carrascosa, de ser uno de los autores del crimen.
Molina Pico, tras 16 meses de investigación,
apuntó a un móvil: las conexiones que habría
tenido el matrimonio -y su entorno íntimo y familiar-
con el lavado de dinero del narcotráfico y el Cartel
de Juárez.
Recientemente, el juez separó al fiscal
del caso al aceptar el pedido de los abogados de Carrascosa
y otros parientes y allegados sospechados del crimen o su
encubrimiento. Por su parte, Molina Pico apeló la medida
y la cuestión quedó en manos de la Cámara
Penal de San Isidro.
Barroetaveña es el mismo juez que
un 11 de abril de 2003 había ordenado la detención
de Carrascosa bajo el cargo de homicidio agravado y que 42
días después le concedió un régimen
de prisión preventiva morigerada que le permitió
volver al country y gozar de absoluta libertad.
Sin embargo, la morigeración otorgada
por Barroetaveña, tras recorrer todas las instancias
judiciales, finalmente fue anulada por la Suprema Corte de
la provincia. Pero el fallo del máximo tribunal bonaerense
no fue cumplido.
Escándalo
El 2 de julio de 2003, la defensa del viudo
también consiguió apartar al presidente de la
Cámara Penal de San Isidro, Fernando Maroto, quien
había ordenado a Barroetaveña que cumpla con
lo dispuesto por la Suprema Corte y detenga inmediatamente
a Carrascosa.
El juez, para seguir desoyendo el fallo de
la Corte, sólo tenía dos alternativas: dejarle
la causa a otro magistrado o levantar la prisión preventiva
que le había dictado al viudo 14 meses antes. Así,
con la misma pluma que había escrito la resolución
para poner tras las rejas a Carrascosa, volvió a trazar
en el papel la orden de liberarlo sin que mediaran otras pruebas
que aliviaran su situación. Por qué lo hizo,
aún es un misterio.
Esto es sólo una pequeña parte
del confuso enredo judicial que paralizó la investigación
del crimen de María Marta García Belsunce y
desató uno de los mayores escándalos judiciales
que se recuerde en la provincia de Buenos Aires tras la restauración
de la democracia.
Como broche de oro, el 5 de julio de 2004,
en el Consejo de la Magistratura y la Procuración bonaerense
se iniciaron sendas investigaciones para determinar si la
posible compra de una mansión por parte de Barroetaveña
en un exclusivo country de la localidad de San Isidro se hizo
con dinero bien habido. En esa maraña, donde la impunidad
acecha, sonaron cada vez más fuertes las sospechas
sobre tráfico de influencias y merodeó la sombra
del Cartel de Juárez.
En la provincia de Buenos Aires ya se habla
de dos tipos de justicia: La justicia Blumberg, mucho más
drástica y expeditiva, que sólo se aplica con
los delincuentes comunes; y la justicia country, que únicamente
se les concede a quienes puedan ejercer su refinado influjo
en los laberintos del poder y pagar abogados duchos en esas
tareas.
Disparos en la tormenta
El drama que segó la vida a María
Marta García Belsunce estalló en su propia residencia
en el paquete country Carmel de la localidad de Pilar, a 55
kilómetros al norte de Buenos Aires y a 245 de Rosario.
Fue un poco después que se desatara una tormenta de
viento y lluvia. Esa tarde jugaban Boca y River en La Bombonera
y luego Independiente y Rosario Central en Avellaneda.
En la casa se encontraron tres manchas de
sangre, que no pertenecen a la víctima. Pese a que
habían sido profusamente lavadas, aparecieron como
pequeñas salpicaduras en una pared y en la alfombra
de la antesala del baño de la planta alta, donde ocurrió
el asesinato.
Pero los rastros no fueron descubiertos por
la familia ni sus allegados, quienes sostenían que
la mujer había muerto tras patinar en la bañera,
sino que se detectaron tres días después del
homicidio, al realizarse una pericia ordenada por el fiscal
Molina Pico. Las salpicaduras se revelaron ante la luz ultravioleta
tras la aplicación del reactivo químico Luminol,
en una pericia de la Policía Científica.
María Marta fue velada en la casa,
en su propia cama, tal vez con los orificios de bala obturados
con la Gotita.
Al personal de la funeraria no se le permitió
tener contacto con el cuerpo. La familia y sus allegados aseguran
no haber visto nada raro durante el velatorio a pesar de haber
encontrado un plomo calibre 32 largo debajo de la víctima,
que luego resultó ser la sexta bala que le había
rozado el cráneo. Dijeron que era un "pituto"
de estante de biblioteca.
Más adelante, mediante una pericia,
se supo que la sangre de la alfombra y las paredes pertenecía
a dos hombres y una mujer que serían los presuntos
asesinos.
La familia insistió siempre en la
teoría de que María Marta fue asesinada por
un ladrón furtivo, un vigilador del country o un ex
vecino con antecedentes de hurtos. Hasta ahora, el juez Barroetaveña
sigue sin autorizar los exámenes forenses para comparar
el ADN de los sospechosos con los patrones genéticos
de las manchas halladas en la casa.
Algunos creen que la respuesta a esa postura
del juez habría que buscarla en la calidad de los sospechosos
que se negaron reiteradas veces a someterse a una extracción
de sangre y las influencias que detentan sus reconocidos abogados
en el foro.
Fuente: Norberto Casanello; periodista
|