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Para desenchufarse de verdad

Los sustitutos (Surrogates, 2009) es la última realización de Jonathan Mostow (Terminator 3, U-571), aunque merece referenciarla más con su protagonista Bruce Willis, quien a pesar de tener un muñeco para que le haga las vida más fácil con las escenas arriesgadas, no puede evitar el despliegue de su humanidad para demostrar que cada vez está más duro de matar.

“La comodidad mata al hombre” parece ser la premisa de una película que no necesita de mayores presentaciones que su póster promocional. En él aparece un Bruce Willis que sólo acusa sus años con una barba entrecana y un gesto entre preocupado y desafiante (aunque haya que reconocer que resulta 100% adrenalínico). Entonces podemos intuir acción de la buena y en grandes dosis. Y será exactamente eso lo que obtendremos, pero con algunos ingredientes extra. Porque Surrogates nos muestra una sociedad algo anacrónica en un futuro no muy lejano, en la que los robots humanoides rozan la perfección pero los autos, celulares y computadoras lucen como los de hoy en día. Y en la que parece haber surgido la solución perfecta para que nada tenga que preocuparnos: un autómata personalizado controlado por nosotros en su totalidad que evita que nos sumerjamos en los peligros de todo tipo a los que nos expone el mundo real. Es de esperarse que la solución haga agua como un verdadero colador y los problemas comiencen a surgir. Cuando algunos sustitutos importantes (porque se diferencian en ese nivel según quien sea su dueño) comiencen a ser exterminados operador incluido (con lo que la teoría de la seguridad de “sin salir de su casa” se va al tacho), el detective Tom Greer (Willis) y su compañera Peters son designados para la investigación. A partir de allí, y casi sin mas sorpresas que sobresaltos, nuestros amigos de lata se las verán feas hasta que la sangre real corra y no encuentre límites. La verdadera sorpresa quizás sea el descubrir quien está detrás de todo esto, pero como pocos elementos tiene esta película de Thriller, será mejor no centrar las expectativas en esa cuestión.

PhotoShop al alcance de todos

La estética del film por momentos tiene la apariencia de una película animada en 3D, pero no por molestos efectos realizados por computadora que se niegan a encajar en nuestro concepto de realidad, sino por el detalle no menor de que los rostros de los actores simulan ser las máscaras de ellos mismos puestas sobre sus androides sustitutos. Imagínese a Susana Gimenez con 30 kilos más acomodada en su sillón favorito y prescindiendo de las cientos de capas de maquillaje necesarias para restarle edad, sólo porque la cara de su sustituto luce como si fuese ella en sus años mozos y para toda la eternidad. El rostro de Willis mismo se ve como en su película más taquillera de los 90. Resulta un acierto porque el efecto se ve “como si fuese real” pero a la vez nos deja ese sabor de la mentira de una perfección que no es tal. Los sustitutos interactúan entre sí todo el tiempo, y trasladan sus sentidos a sus operadores haciendo las vivencias mucho más reales. Pero nadie se ve cara a cara realmente. La mentira se enfrenta a la mentira desnudando una patética verdad: nadie vive por sí mismo, sino que juega a hacerlo detrás de un blindaje y minimizando los riesgos.

Hasta las guerras tienen prototipos de esta clase, haciendo que parezca todo un juego. Y como todo lo que parece bueno para muchos, también genera un sistema de resistencia, consistente en un grupo de automarginados que tendrán una antipatía visceral por todo lo que rechine desde sus articulaciones por falta de aceite. Desde ya que estos rebeldes exhibirán comportamientos extremos, casi terroristas en sus violentas acciones. Y como si se tratara de la misma actualidad, se desacreditarán de esta forma en sus probables nobles intenciones.

Barbie y Ken
Bruce Y Radha se sacan unos años de encima jugando al mecano.
Luego, en lugar de test de embarazo la chica se hizo la VTV

La vuelta de “tuerca”

Si la historia nos mantuvo en vilo, nadie se quejará de que el asesino sea el mayordomo, ni saldrá protestando por la obviedad. Es una película de acción y con Bruce Willis en su mejor forma, por lo que difícilmente esto suceda. Pero es necesario destacar que a pesar de que la sorpresa para la gran mayoría no sea tal, una vez más se trata de reflejar la realidad, de decir que no podemos sustituir nuestras vidas por otras plásticas, porque tarde o temprano lo pagaremos, como individuos y como sociedad. Un mensaje algo simple y trillado si se quiere, pero lo aplicamos a lo que sucede cuando adquirimos cualquier aparatito de los que podemos conseguir hoy en día para hacernos las cosas más fáciles, no deja de ser una interesante proyección. Y sino, prueben de tirar el “abdomionalizer 2000” y cámbienlo por una buena serie de abdominales reales. Tal vez no sólo les dé mejores resultados, sino que sientan, además, que de verdad hicieron un esfuerzo por estar mejor, más allá del dinero que hayan gastado en el adminículo que terminará sulfatando sus baterías en un cajón.

Y no es un detalle menor el hecho de que una realización de estas características tenga “mensaje” sin aparentes contraindicaciones. Esta cruza de “Terminator”, “Yo robot”, “Duro de matar 4” y “Matrix” nos hace pensar mínimamente en los riesgos del abuso de la tecnología para “mejorar” y por consiguiente, en la consabida perdida de la identidad. Porque cualquiera de las producciones mencionadas van directo al punto del peligro que significa buscar el confort delegando actividades humanas a las máquinas. Pero Los Sustitutos ya habla de una cuestión de imagen, de ego, de cederle nuestros derechos a alguien (o algo) por el simple hecho de que fue construido a nuestra imagen y semejanza (o mejor dicho, según nuestros deseos de lo que debería ser esa imagen). Y por dulce que sea la sacarina y no engorde, jamás llegará a ser azúcar. Ahora los tengo que dejar, llegó mi sustituto y necesita la máquina. Dejo que siga escribiendo él, porque no tengo más ganas de pensar y, después de todo, ya no sé ni quien soy y mucho menos lo que digo o en lugar de quien.

 

Por Henry Drae - Especial para EBPI.com.ar

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