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mires para Abajo
Subiela fundida
Comentario
“No mires abajo”
se llama la última película
de Eliseo Subiela, aquel director que provocara distintas
sensaciones con “El lado oscuro del corazón”
o abriera debates sobre un nuevo cine nacional con “Hombre
mirando al sudeste”. Esta vez, el debate sería
si debería seguir filmando este tipo de cosas, o volver
a sus raíces.
Existe una especie de axioma
popular que dice que el que sabe no enseña, y el que
sabe enseñar no es el mejor en la práctica de
la materia. Y por esto mismo deduzco que a estas alturas el
director debe ser un gran maestro en su escuela de cine. Tuve
tiempo de pensar en esto a lo largo de toda la película,
porque en realidad costaba concentrarse en la historia. Textos
forzados y falsamente poéticos dichos por personajes
a los que es imposible creerles ya que no muestran un atisbo
de naturalidad, y un erotismo mal entendido son los estandartes
de esta realización de título profético.
“No mires para abajo” porque
la vergüenza no debería ser tuya.
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Quiero hablar con el encargado
Estamos frente al típico
caso en que el público responsabiliza a los actores
por lo que ve en pantalla. Más de uno debería
haber dicho o pensado “estos chicos son de
madera”. Pero ojo, que la madera es un material
noble, sólo hay que saber trabajarlo. Cuando somos
mal atendidos en un comercio pedimos hablar con el encargado
responsable o gerente. Él es quien debe dar las explicaciones
ante una mala atención. En ese caso, dicho gerente
no tiene muchas veces la posibilidad de contrastar versiones
sobre algún hecho desafortunado entre vendedor y
cliente. Pero a un director nunca le falta la oportunidad
de ver en cámara como responde su rebaño.
Entonces lo que vemos es exclusiva responsabilidad suya.
¿Y que es lo que puede encontrarse en “No
mires abajo”?. A un personaje central absolutamente
exagerado, exacerbado, que actúa como la caricatura
del adolescente más estereotípico del celuloide.
Que dice chistes abriendo los ojos como dos huevos fritos
y torciendo la boca como un pato, y llora y se emociona
de la misma forma, apenas alternando la dirección
de la comisura de sus labios. Y a una partenaire (Antonella
Costa ¿recuerdan a la hija de Carlín Calvo
en “El hacker”?), que deja de ser la chica interesante
que siempre vi en papeles casi secundarios para convertirse
en una profesex apática, más acotada en su
gestualidad que su compañero pero igual de inverosímil
en su rol. Y la fórmula se repite con todo el elenco
secundario. Si hasta nos cuesta creerle a Hugo Arana unas
pocas líneas que dice (y hay que lograr eso con un
actor al que la gente votaría si se postulara para
lo que fuese). Por eso el problema no es la actuación,
sino el guión y la dirección de Subiela, que
a estas alturas lo único que tiene a su favor es
la corta duración del filme.
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“Subietulos”
en castellano
¿Cuál es la
gracia de toda forma artística? Que no tenga una explicación
literal que anule nuestra imaginación, nuestra capacidad
creativa como espectadores. Y es algo que siempre le hemos
criticado al cine norteamericano, esa manía de que
tengan que explicarnos cada detalle con cada fotograma que
pasa ante nuestros ojos, aunque sea como una gran catarata
al final. Pero Subiela aquí lo que hace es arruinar
su propia capacidad poética ilustrando lo que vemos
con una narración insulsa que lo explica con pasmosa
literalidad. Y no hace más que traslucir una gran inseguridad
narrativa, la de quien se pregunta “¿entenderán
lo que quiero decir?”, que a estas alturas para ciertos
directores resulta imperdonable. También tuve tiempo
de hacer una especie de prueba mental: si viera la peli tomando
cuadros sueltos, sin movimiento, ganaría muchísimo.
Porque Subiela sabe componer fotográficamente sus escenas.
Trabaja la imagen, trabaja los símbolos. Pero falla
en la puesta en marcha, en el movimiento, en que las cosas
se hagan realidad. |
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Erotismo sin
eso mismo
Antes de sentarme en la butaca
ya sabía por comentarios que la mayor parte del tiempo
los chicos estaban desnudos en pantalla practicando varias
posiciones sexuales. Alguien dijo “es porno” seguramente
alentado y confundido por el hecho de que ambos órganos
sexuales estuviesen conviviendo al desnudo en pantalla en
algún momento. Pero no es porno y tampoco erótica
(al menos en el efecto pretendido), si tenemos en cuenta que
las situaciones pueden provocar
apenas unos grados más de temperatura que un freezer.
Otra vez los diálogos acartonados y el tono apático
de la Costa nos sacan de clima. Por momentos me parece estar
viendo la realización de un director primerizo
a quien le han conseguido un
crédito del INCAA con cierta influencia
, pero luego me doy cuenta que hasta alguien en esas condiciones
le hubiese puesto mas esmero y trataría de lograr más
credibilidad e identificación con el espectador. A
los personajes les falta vida, energía (esa misma que
el director le dibuja en un gracioso contorno a Elvira). Las
escenas provocan hilaridad en donde no debieran y
lamentos en las situaciones presuntamente humorísticas.
Eso sí, Tinto Brass se debe haber reído
toda la película. El rey del erotismo espaguetti
puede estar bien tranquilo con su reinado de nalgas, pezones
y pitos al viento.
No es el tipo de película
que elegiría como primera opción, y hasta entraría
entre las "descartadas" con seguridad. Pero tuve
que proyectarla y eso implica verla al menos una vez completa
(les aseguro que entiendo por el fin el padecimiento de Alex
Delarge, de la Naranja Mecánica) entonces de alguna
manera debía exteriorizar el tormento (perdón,
Marian, se que es uno de tus directores favoritos). No me
pasó así con "Un novio para mi mujer"
que a pesar de lo trillado que puede resultar, tiene cierta
frescura y humor no tan digerido que la hacen disfrutable
(y no puedo creer estar diciendo esto de una peli de Suar).
Recomendación:
A ciertas películas,
como a ciertos ciudadanos, no deberían dejarlos salir
del país por lo mal que nos representan.
Critica de Enrique De Rito
Columnista exclusivo de EBPI |
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