Como
entretenimiento no se puede negar que resulta un plato bastante
nutritivo y completo. Tal vez hasta con algunos ingredientes
de más y con un par de luces molestas que nos arruina
una velada que estaría perfecta sólo con unos
cuantos candelabros. Añoré por un momento al
Hulk acechante por la noche de la película de Lee y
su feroz enfrentamiento con los perros anabolizados. Aquí
hay tanto brillo y textura que le quita realismo y en medio
de los frenéticos movimientos, resulta aún más
indigerible. La pelea de catch con ring desplegable y desarmable
entre los dos monstruos parece una mezcla de gelatinas sin
sabor, algo sucias, eso sí. Y los gestos de ambas criaturas
dejan bastante que desear cuando intentan mostrar sus emociones.
Por otra parte la historia
fluye y usa con corrección los escenarios, sobre todo
las favelas cuyas irregularidades en su arquitectura nos brindan
una deliciosa persecución pedestre, con más
emoción todavía que las que apreciáramos
en las aventuras del agente Bourne. No obstante es notorio
el nivel de experimentación o indefinición en
el estilo narrativo que sugiere el director. Por momentos
esto me llevó a hacer asociaciones con Cloverfield,
debido al uso de puntos de vista que simulan una cámara
amateur.
Pero así y
todo sale airosa, hasta en el cambio de elenco. Relevar
a Jennifer Connely es un sacrilegio que sólo puede
perdonarse si la que se pone en sus zapatos es Liv
Tyler (ya que para el caso es una carrera de imagen
y belleza y no de talento). Sam Elliot parecía tan
nacido para interpretar al Gral Ross como William Hurt luego
de su caracterización, y Norton es tan buen Banner
como lo fue Eric Bana o el mismo Bill Bixby, porque tampoco
es un papel muy exigido. Al fin y al cabo su mayor momento
de furia nunca lo interpreta él mismo. Tim Roth no
desentona, pero lejos está de ser un villano memorable.
Salvo por los detalles antes
mencionados, me quedo con esta versión, aunque lamento
que sólo gane en un concurso de comparaciones. Y eso
a pesar de que las dimensiones del querido monstruo aquí
son más parecidas a las de un humano de piel rosada,
lo cual no necesariamente significa una reducción de
presupuesto. De todas maneras, y con la ultimísima
escena queda claro el camino de la producción; prepárense
para ver muy pronto a todos los marvelosos en pantalla desplegando
su poderío. Y es un hecho; para esto era necesario
tener a un Hulk menos conflictuado. Al fin y al cabo cuanto
más reflexiona y poco se enoja, menos divierte y eso
si que me disgusta y me da ganas de ponerme verde
y romper butacas.
¡No me provoquen,
no soy yo cuando siento que tiré el dinero de mi entrada!
Columnista exclusivo
Enrique De Rito |