The Incredible Hulk (2008)

Otra montaña de verdes, menos alta pero más rendidora

En los últimos años estamos presenciando sucesos un tanto extraños en la reposición de la eterna novela de los constantes refritos y reversiones hollywoodenses. Desde remakes estrenadas a sólo meses de diferencia de la versión original (como REC y Quarantine) hasta otras del mismo país de origen (USA, of course) que hacen borrón y cuenta nueva como si hubiesen pasado 40 años en lugar de cuatro o cinco.

Dolor de huesos
El Dr. Banner no se queja por lo ajustado de las correas, sino por la imposibilidad de rascarse una molesta e inoportuna comezón genital.
Los resultados del incidente son increíbles.

The incredible Hulk responde al segundo caso y es una clara estrategia para recuperar al héroe/monstruo perdido por un sensible director de ojos rasgados que lo convirtió en un sufrido monigote presa de un drama existencial. Luego le darían al público tanto el adrenalínico ser digital rompe-todo que anhelan los niños, como el nostálgico hombre verde esperanza de la serie ochentera que disfrutaban los padres de esos mismos chicos. Y en parte lo logra. Para ello utiliza los recursos obvios pero no por eso menos efectivos: la melodía característica que acompaña al Bruce Banner (el nombre David sólo aparece como un alias homenaje) triste y solitario que se van sin un sope en el bolsillo (aunque ni siquiera le quedan bolsillos en sus pantalones destrozados), el plano de los ojos del hombre irritado tiñéndose de verde furia, las máquinas de laboratorio de la serie original, y un largo etc. que los fans de la misma gozarán mientras juegan a descubrir.

Como entretenimiento no se puede negar que resulta un plato bastante nutritivo y completo. Tal vez hasta con algunos ingredientes de más y con un par de luces molestas que nos arruina una velada que estaría perfecta sólo con unos cuantos candelabros. Añoré por un momento al Hulk acechante por la noche de la película de Lee y su feroz enfrentamiento con los perros anabolizados. Aquí hay tanto brillo y textura que le quita realismo y en medio de los frenéticos movimientos, resulta aún más indigerible. La pelea de catch con ring desplegable y desarmable entre los dos monstruos parece una mezcla de gelatinas sin sabor, algo sucias, eso sí. Y los gestos de ambas criaturas dejan bastante que desear cuando intentan mostrar sus emociones.

Por otra parte la historia fluye y usa con corrección los escenarios, sobre todo las favelas cuyas irregularidades en su arquitectura nos brindan una deliciosa persecución pedestre, con más emoción todavía que las que apreciáramos en las aventuras del agente Bourne. No obstante es notorio el nivel de experimentación o indefinición en el estilo narrativo que sugiere el director. Por momentos esto me llevó a hacer asociaciones con Cloverfield, debido al uso de puntos de vista que simulan una cámara amateur.

Pero así y todo sale airosa, hasta en el cambio de elenco. Relevar a Jennifer Connely es un sacrilegio que sólo puede perdonarse si la que se pone en sus zapatos es Liv Tyler (ya que para el caso es una carrera de imagen y belleza y no de talento). Sam Elliot parecía tan nacido para interpretar al Gral Ross como William Hurt luego de su caracterización, y Norton es tan buen Banner como lo fue Eric Bana o el mismo Bill Bixby, porque tampoco es un papel muy exigido. Al fin y al cabo su mayor momento de furia nunca lo interpreta él mismo. Tim Roth no desentona, pero lejos está de ser un villano memorable.

Salvo por los detalles antes mencionados, me quedo con esta versión, aunque lamento que sólo gane en un concurso de comparaciones. Y eso a pesar de que las dimensiones del querido monstruo aquí son más parecidas a las de un humano de piel rosada, lo cual no necesariamente significa una reducción de presupuesto. De todas maneras, y con la ultimísima escena queda claro el camino de la producción; prepárense para ver muy pronto a todos los marvelosos en pantalla desplegando su poderío. Y es un hecho; para esto era necesario tener a un Hulk menos conflictuado. Al fin y al cabo cuanto más reflexiona y poco se enoja, menos divierte y eso si que me disgusta y me da ganas de ponerme verde y romper butacas.

¡No me provoquen, no soy yo cuando siento que tiré el dinero de mi entrada!

Columnista exclusivo Enrique De Rito

 
 
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